
El Banco Ciudad nació con el nombre de Monte de Piedad el 23 de mayo de 1878, cuando Buenos Aires no había sido federalizada y el contorno total del país estaba aún por definirse. Aunque la Ley 1129 de creación del Montepío se promulgó el 15 de octubre de 1877, recién un año después abrió sus puertas al público. El Monte de Piedad surgió para combatir la usura mediante préstamos de dinero sobre objetos diversos a un interés menor que el de plaza, orientado a actuar sobre las diferencias sociales. Ese objetivo fundacional de “....servir a la clase proletaria, que es precisamente la que más necesita aprovechar de los beneficios de esta institución”, según se lee en el libro de actas del Consejo de Administración correspondiente a la reunión del 10 de junio de 1878; ese destino marcado para proveer crédito barato y para actuar como regulador estatal del mercado financiero, no fue abandonado hasta el Banco de hoy. La Casa de la Virreina, que había pertenecido a la familia del Virrey del Pino, de las esquinas porteñas de Perú y Belgrano, fue la sede de la que fuera primer casa de empeño oficial de la ciudad, dedicada a atender a los vecinos de escasos recursos a quienes ayudó a satisfacer sus necesidades y a sobrellevar las crisis económicas suscitadas.
A lo largo de su crecimiento, la Institución cambió seis veces de nombre hasta llegar a la denominación actual, Banco Ciudad de Buenos Aires. La primer modificación significativa se produce en 1888 cuando, a partir de la Federalización de la Ciudad de Buenos Aires, es transferido a jurisdicción de la Capital Federal. El 30 de septiembre de 1904, mediante la Ley 4531, la Institución queda denominada como Banco Municipal de Préstamos y Caja de Ahorros. Con la nueva etapa municipal, se construye la primer Casa Matriz propia, en el terreno adquirido por la municipalidad el 22 de diciembre de 1888 en las calles Suipacha y Viamonte. Su sede central funcionó hasta 1968 en ese edificio, actual sede de la Oficina de Rentas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Con la nueva denominación también llegaron funciones propias de los bancos de crédito. Se lo facultó para otorgar préstamos sobre sueldos, pensiones, jubilaciones, pagadas por reparticiones nacionales o por la Municipalidad; títulos de la deuda pública nacional o provincial; cédulas hipotecarias o acciones cotizables en la bolsa de Comercio; mercaderías depositadas en las aduana o depósitos fiscales. Pero lo más significativo es que se le permitió recoger depósitos del público en Caja de Ahorros. Al mismo tiempo, la etapa que se inicia como Banco Municipal de Préstamos inaugura una política de presencia en todo el territorio de la ciudad de Buenos Aires que el Banco mantiene hasta el día de hoy como pilar esencial de crecimiento. Al fracaso de las tres primeras sucursales que la Institución ensayó en su etapa inicial y bajo jurisdicción provincial aún como Montepío, la expansión encarada en esta etapa encontró un signo satisfactorio. Esta extensión de actividades del Banco respondió a una estrategia acorde con el crecimiento de la ciudad a la que servía y a las necesidades que ésta le demandaba. Se planificaba apuntalar este crecimiento mediante una red que incluía sucursales, agencias, depósitos y lugares de exhibición, que resultaban ya indispensables al funcionamiento del establecimiento. Según palabras del presidente del Banco, Sr. Enrique Peña en marzo de 1916, esta extensión del servicio del Banco se corresponde con “el propósito del Establecimiento que responde a la misión de combatir la usura en la forma más eficaz que sea posible. Entiende el Directorio, como ha tenido oportunidad de expresarlo otras veces, que es necesario aumentar el número de estas sucursales y agencias, que llevan los servicio del Banco fuera del radio de su Casa Matriz, facilitando así la utilización sin mayores molestias por parte de los que requieren sus servicios”.
El surgimiento de los movimientos de masas en nuestro país a partir de la década del `40, que integraron social y políticamente tanto a las clases urbanas derivadas de la inmigración europea como a los trabajadores rurales del interior que se transformaron en obreros industriales, impactaron sobre la evolución del Banco. Es así que los apellidos tradicionales de sus primeros directivos y funcionarios, comenzaron a entreverarse con los de los hijos -ahora con educación pública apalancando la movilidad social- de aquellos inmigrantes que habían sido protegidos de la usura y que ahora se encaminarán a mutualizarse y sindicalizarse como medio de alcanzar sus aspiraciones de clase. Sumado a lo que pasaba puertas adentro, en su relación con la sociedad, el crédito social de empeño comenzaba a ser una herramienta limitada en un país que se modernizaba, crecía y elevaba a sus habitantes a la categoría de ciudadanos. En efecto, el por entonces Banco Municipal debió asumir funciones más amplias requiriendo mayor cantidad de bocas de recaudación y un contacto más cercano con las necesidades de los nuevos actores sociales urbanos. Los nuevos profesionales y asalariados demandaban créditos para comprar la vivienda propia y acondicionarla, y los comerciantes y pequeños empresarios industriales necesitaban ampliarse y modernizarse a medida que el mercado interno se expandía.
El Banco mantuvo el crédito social de empeño como su actividad central hasta el año 1968, cuando se desarrolla el proceso que se conoce como "apertura comercial"; a partir del fondeo otorgado por los depósitos judiciales y su consolidación como agente financiero de la ciudad más importante del país. En esta nueva etapa, el 23 de mayo de 1968, en el 90 aniversario de la fundación del Banco, se inaugura la nueva casa Matriz -que continúa siendo su casa matriz actual- en las calles Florida y Sarmiento, significando un completo cambio de imagen que muchos llamaron "un segundo nacimiento del Banco". Su emplazamiento en pleno microcentro porteño, fue un signo evidente de la transformación que había experimentado la entidad y del cambio de imagen que buscaba instalar en esta nueva etapa. Esta transformación intentó plasmar en el edificio que había albergado a las Tiendas Ciudad de México, los nuevos conceptos sobre la moderna arquitectura bancaria, integrando la estructura metálica existente con una nueva concepción que cubría el inmueble con elementos vidriados. La nueva imagen se basó en la aplicación de ladrillos vidriados de color en grandes superficies exteriores e interiores; la creación de un logotipo publicitario y el equipamiento de todas sus dependencias y sucursales. El 16 de Mayo de 1972, cambia por última vez de nombre, producto de la necesidad de apertura de nuevas sucursales en territorio de la provincia de Buenos Aires. Pasa a denominarse, entonces, Banco de la Ciudad de Buenos Aires, denominación que mantiene hasta la actualidad.
Durante los últimos 30 años, cuando el país se achicaba y se profundizaban las diferencias sociales que hoy padecemos, el Banco no fue ajeno a ese devenir, poniéndose en peligro su propia existencia. En pleno auge de las reformas de mercado impulsadas en la década del 90, se debatió cómo impedir que la gestión pública no fuera cooptada por intereses políticos o sectoriales, modernizara la institución y a la vez reestableciera objetivos de desarrollo económico y social fundacionales. Debate ganado por quienes planteaban sanear y modernizar desde la mano del sector público y se encaró desde fines de la década del 90 un proceso de estabilización patrimonial, informatización y procura de asistir al sector privado menos concentrado y más necesitado de servicios bancarios en el ciudad. A partir de este proceso de saneamiento y modernización de los últimos años, el Banco retomó el rol social que se fue afirmando a lo largo de su trayectoria institucional, brindando en la actualidad servicios financieros universales, baratos y de calidad a trabajadores, profesionales, jubilados y pequeños empresarios de nuestra región.
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